Olivia llegó sigilosa. Después de darle un gran abrazo a su papá, se sentó en el silloncito de la habitación del sanatorio. Él dormía.
De repente, abrió sus ojos, la miró, le sonrió, y volvió a dormir. “¡Me vió!” dijo emocionada… “no, no, el abuelo está durmiendo…·
Esperó unas horas leyendo un libro, cuando escuchó esa voz que tantas historias le contó.
“Yo sabía que ibas a venir, pero, ¿por qué viniste?” (ni aún en sus últimos días perdió su viveza).
“Vine porque tenía unos días libres en la facu abu…”
“Yo sé que no, pero está bien, así tiene que ser.”
“Yo sabía que ibas a venir, pero, ¿por qué viniste?” (ni aún en sus últimos días perdió su viveza).
“Vine porque tenía unos días libres en la facu abu…”
“Yo sé que no, pero está bien, así tiene que ser.”
Olivia lo cuidó, le dio la sopa, lo retó, y rieron juntos… Durmió esa noche con su abuela en la cama que él ocupó, y a pesar de todo el dolor de su pecho, la contuvo como pudo.
Al día siguiente estuvo todo el día con él, no se despegó ni un segundo, porque sabía, tenía la absoluta certeza, de que ese iba a ser el último día.
A la hora de irse, él dormía, Olivia le movió el brazo,
“abuelo, me voy, vengo mañana”
“mmm si.. si..”
“no, abuelo, despertate, es importante lo que te tengo que decir: Te Amo”.
“abuelo, me voy, vengo mañana”
“mmm si.. si..”
“no, abuelo, despertate, es importante lo que te tengo que decir: Te Amo”.
Él sonrió.
“¿de qué te reís? ¿vos no me amás acaso?”
“me río de la cara de muñeca que tenés, la misma que tenés desde chiquita, por supuesto que yo también te amo.”
Ella tragó lágrimas, lo miró, sonrió nuevamente y le dijo “chau abuelo, hasta mañana. Te amo”
“¿de qué te reís? ¿vos no me amás acaso?”
“me río de la cara de muñeca que tenés, la misma que tenés desde chiquita, por supuesto que yo también te amo.”
Ella tragó lágrimas, lo miró, sonrió nuevamente y le dijo “chau abuelo, hasta mañana. Te amo”
Los dos sabían en el alma, que esa era la última vez que se iban a ver.